4.12.09

Adiós para siempre.

I

En realidad cargaba demasiadas culpas. Quería dejar atrás ese episodio de su vida, pero le era imposible. Sus miedos oscilaban entre una traición imperdonable, la ineptitud de su hermano, el egoísmo de su madre, la sombra eterna de una víctima y la desfachatez con que él mismo pregonaba a toda voz, que su mejor virtud era la honradez. ― Puedes confiar plenamente en mí. ― Decía a todos y todas. Tenía ese don de la palabra para conversar, enamorar y hacer creer que todo en él era real. Pero en realidad no se lo creía, como tampoco le creían quienes convivían muy de cerca con él. Vivía en una eterna fantasía donde su ego era el personaje más importante. ―Yo puedo hacerlo todo, para eso Dios me dio este privilegio. ― Y sin duda, el todopoderoso se excedió. Alberto llegó a pasarle por encima hasta a su propia sombra. ¡Qué digo sombra! ¿Me creerían si les cuento que el negocio que lo hizo transcender al salón de la fama fue el lucrar con el cuerpo de su esposa? Pero nada es eterno. Ahora llora entre los muros de su propio destino.

II

Juan de Dios vivió toda su vida enamorado de Delfina. Nacieron con una diferencia de 5 días, vivían en el mismo edificio, de niños compartían los mismos juegos, las mismas fiestas familiares y hasta cursaron juntos la enseñanza primaria y secundaria. Pero ella lo ignoraba, como le hacía a todos los hombres que tuvieran su propio signo zodiacal. “¿Yo, virgo con otro virgo? Ni a jodía”, gritaba la cubanita que por su figura hubiera sido la modelo perfecta para la inspiración de Wilson al dibujar sus criollitas.

Cuando Juan de Dios entró a la universidad se separó por 8 años de Delfina. Conoció otras mujeres y regaló a más de una, la falsa idea de creerse queridas por un hombre que fingía amarlas, pero que les daba placer pensando que se follaba a la mujer de la que siempre estuvo enamorado.

Pero la mayor desgracia de Juanito― así le decía Delfina― fue haberse hecho el mejor amigo de Alberto, y créanme, que eso hoy lo carga como uno más entre los tantos karmas que cuelgan de su espalda.

Un día, de esos en los que Alberto estaba falto de clientes para calentar y saciar la incontenible sed de Delfina, quien se había convertido en una experimentada (sexo servidora), para quién los hombres no servían más allá de un tiempo indefinidamente corto de placer aparente mientras pagaran por adelantado, claro está, Juanito le comentó:

― Oye acere, tengo un amigo extranjero que anda buscando una cubana para pasar una noche. Paga 100 dólares, se está quedando en mi casa y quiere que todo se haga con la mayor discreción posible.

― Pues que Delfina se vaya a tu casa y yo ni aparezco brother. Esta noche tú serás quien cobre y quien atienda el negocio. Te paso 10 dólares y yo aprovecho para irme de parranda, que falta me hace.

― ¿Tú estás loco? Yo no le entro a ese negocio acere.

― Brother, déjese de comer mierda que el dinero anda perdido y hay que inventar. Mira, tú estudiaste, ya te graduaste y… ¿qué carajo eres? No tienes un cabrón billete ni para vestirte. ¿No te da pena ser un muerto de hambre? ― Alberto empezó a usar sus estrategias de seducción. Sabía que lo que más necesitaba Juanito era dinero, así que no le sería difícil convencerlo. Y por su puesto lo logró.

III

Corría el año 95. Eran las 6 Am cuando se dispuso a abordar el avión con destino a la ciudad de México. Una extraña alegría iluminaba su rostro. Un rostro que mostraba la satisfacción de un sueño hecho realidad. Al llegar al último escalón de las escalerillas se volteó a mirar el peso de una vida que dejaba, sin saber, para siempre atrás.

Al sentarse en su asiento cerró los ojos y no puedo evitar retroceder el tiempo hacía la media noche.

― ¿Tú? Estás loco. ¿Cómo crees que voy a acostarme contigo?

― ¿Qué tiene que ver? Te estoy pagando de igual forma que paga un extranjero para pasar contigo una noche. Y créeme voy a pagarte el doble de lo que normalmente cobras.

― Pero…

Él no la dejó hablar. Sacó de su bolsa 100 dólares y se los puso en el escote, justamente entre los pechos.

― Dentro de seis horas salgo para México y no puedo perder la oportunidad de pasar unas horas contigo.

― Juanito…

Juanito abrió los ojos y volvió a su realidad. Detuvo su mirada a contemplar un amanecer habanero mientras una sonrisa, que nunca imaginó que duraría tan poco, se dibujó en sus labios.

Posiblemente a esa hora Delfina agonizaba entre la vida y la muerte y Alberto era conducido a la jefatura de policía del barrio de Centro Habana por haber apuñalado a su esposa. Nunca sintió celos cuando la vendía sin escrúpulos a un extranjero, pero cuando se enteró que su mejor amigo lo había engañado miserablemente y pagado para estar con su mujer, fue dominado por la ira.

Juanito nunca más regresó a Cuba y Delfina murió después de conocer por primera vez en su corta vida, que se sentía al entregarse a un hombre que verdaderamente la amaba.

30.11.09

¡Viva México!

A veces me molesto no saben cuanto cuando alguien quiere hacernos pendejo. Ya tenemos bastante con lo que cada quien vive a diario para que además de eso nos quieran imponer tan elegante calificativo. Hace unos días empecé a escuchar una campaña publicitaria del gobierno (y no duden que para esto se hayan puesto de acuerdo con las empresas de radio y televisión) en la que se dice que ya estamos por el camino correcto y que empiezan a verse los primeros pasos hacia una recuperación económica.

Pos a mí no me queda más que preguntar ¿qué recuperación? ¿Para quién? Y… ¿Cuándo llega la mía? ¡No jodan! ¿De qué recuperación hablan? ¿De las de los diputados, senadores y de todos aquellos dinosaurios, hijos de dinosaurios y amigos de dinosaurios que tienen un hueso en el gobierno? Porque esa sí se las creo. Pero de la de nosotros los mortales… ¡qué le metan el dedo a otro, porque yo no me la trago!

Si con un simple ejemplo basta taparle la boca. ¿Dónde está el dinero del Fovissste? Que dicho sea de paso tiene un atraso de más de tres meses en pagarles a los propietarios que han vendido sus casas a trabajadores del estado y que con mucha ilusión le han pagado el total o parte del precio con esta “prestación”. Y permítanme ponerla entre comillas y en negritas porque... ¿Se le puede llamar prestación a un dinero que un trabajador paga bimestre tras bimestre y cuando se la "dan" después tiene que pagarla mes con mes?. Es el autofinanciamiento del engaño. Pero esa es harina de otro costal.

¿Habrán usado el gobierno este dinero para liquidar a los desempleados de Luz y fuerza del centro? Válgame Dios. Ojalá y no sea verdad porque entonces me queda vivir un verdadero vía crucis, para que estos propietarios puedan entonces pagarme por mi labor intermediaria de la venta de su casa. ¡Chinguen a su madre!

¿Se habla de una recuperación, cuando dicen algunos expertos que todavía no hemos tocado fondo en ésta, una de las crisis más grandes de los últimos tiempos?

Yo no sé ustedes pero ya yo empecé a moverme desesperadamente porque los bancos ya no me dejan vivir… ¿Hablé de bancos? Perdónenme, no quería tocar este tema, se los juro, pero ya que se me salió como quien no quiere las cosas aprovecho para mandarle una grata felicitación. ¡Qué hijos de puta!

¿Por qué el gobierno no da esas cifras? ¿se han preguntado ustedes cuantos hijos de vecino hemos pasado en los últimos tres meses a formar parte de las honrosas filas del buró de crédito? ¡No mamen! Y perdonen la expresión. ¿Por qué el gobierno en vez de decir una vil mentira que nos estamos recuperando, no se preocupa por ponerle un hasta aquí a los bancos? ¿por qué no les enseña a ser un poco más humano y a flexibilizar las políticas crediticias, cuando deberían estar conscientes, que hay un montón de gente que hoy por hoy no tenemos ni para comer, mucho menos, para pagarles sus criminales intereses?

Señores, la verdad no sé a ciencia cierta si a una recuperación económica o a aprender a como recuperarnos de la pinche crisis nerviosa en la que vivimos hoy día. Gracias presidente. Sus palmaditas en nuestra espalda son muy alentadoras. ¡Vamos por el camino correcto!

PD. Engañen a otros, porque yo no les creo ni madre.

28.11.09

Reflexión en medio de un insomnio

Hoy me siento al lado del camino. Deseoso de verme llegar. Dejo pasar todo lo que quiere adelantarme. Mi yo parece tan cansado como hace una hora. Pierdo mis fuerzas poco a poco mirando como es cierto que uno se olvida de sí mismo. Remas en una corriente adversa y al cabo del tiempo te das cuentas que no sabes para quien remas. Los hijos se irán cuando decidan volar. Las mujeres cuando dejes de gustarle. Los amigos, los verdaderos, estarán siempre, en las buenas y en las malas, pero te das cuenta que no dijeron lo que tenían que decir en el momento oportuno.

¿Quiénes quedan?

Simplemente los que pasaron sin hacer historia. Las que llegaron y borraron de un suspiro dos semanas de hastío. Las que no quisieron borrar nada, porque decían que amar no valía la pena, y era mejor no besar que involucrar un sentimiento. Las que pidieron ese beso desesperadamente mientras te exigían con la vista que si dejaras de ser ciego ellas fueran las mujeres más felices de este planeta.

¡Qué benéfico es ver pasar por tu lado ese tranvía colmado de culpas! ese megáfono lleno de tangos, ese cabaret henchido de angustias. Con ello se van los sinsabores, los ratos de llanto y de rencores, los pedazos de miedos hechos piltrafas.

¿Quienes lloran?

Los que nunca vieron pasar la enhorabuena, la dicha o el manjar de las victorias. Quienes enredados en las redes, como yo, sintieron el peso de los años, el miedo a los cincuenta, y hasta vivir por estar vivo.

¿Quienes viven?

Al fin me paro a caminar y veo que en este punto del camino, digo, (si alguien no entiende que tengo miedo a mis errores), no hace falta tener miedo ni valor, tener perdon o venganza, tener paz o inquietud, o verdades a medias o mentiras enteras… a este punto del camino lo único que podemos agradecer a Dios o al universo, o simplemente a ella, es el hecho de no estar vivo por estarlo, sino sentir que estamos vivos.

26.11.09

Espejo Impecable

Es muy complicado sentarse un día a tratar de hacer un balance de lo que has hecho en la vida y ver paso a paso como creciste, cuando te detuviste, cuando te caíste o que tiempo tardaste en levantarte o en que parte de la vida andas todavía arrastrándote con un saco pesado de mierdas en la espalda. Es un ejercicio difícil pero interesante, porque es justo en ese momento cuando, y como por arte de magia, salen del closet un sinfín de cosas:

1. Lo que por voluntad no hice: No fui médico porque soy un real hipocondriaco que tendría que estar tomándose la presión todos los días, haciéndome una biopsia cuando vea a un paciente con cáncer, rascándome cuando vea un cuadro severo de sarna o hasta pensaría que puedo estar embarazado cuando sienta nauseas o acidez. Por voluntad no fui ladrón, no fui policía, nunca me lancé de la plataforma de diez metros en la escuela de natación aunque mis amigos lo hicieran, nunca practiqué lucha grecorromana porque no soportaba oler el sudor de otro guey ni que me repellaran el trasero. Nunca me lancé de un paracaídas por temor a que me diera un infarto en plena caída.

2. Lo que por imposición hice: (Por parte de mis padres) Tener que ir todos los domingos a comer con tía Carme y empujarme de entrada un plato de sopa de fideos sin dejar nada en el plato. Pasar todas mis vacaciones desde el kínder hasta sexto grado en casa de mi abuela en la ciudad de La Habana, bajo las estrictas reglas de disciplina de mi única tía solterona que descargaba sobre la prole de sobrinos sus infortunios osgasmales. Comer garbanzo o lenteja porque si no lo hacía no salía a jugar beisbol con mis amigos del barrio. Leer dos horas diarias mi libro de historia contemporánea durante un mes seguido, cuando en segundo de secundaria saqué 30/100 en mi primer examen parcial. Leerme “La historia me absolverá” y después comentárselo a mi padre cuando un día se me ocurrió contarle que había escuchado de boca de una vecina que Raúl Castro había mandando matar a Camilo Cienfuegos. (Por parte del gobierno) Saludar mi bandera cubana y gritar una consigna “Pionero por el comunismo, seremos como el Ché”. Me hice maestro renunciando a mis deseos de ser ingeniero, porque si no lo hacía me consideraban un personaje desafecto a los principios revolucionarios. Me hice Joven Comunista porque había que navegar en las corrientes del sistema porque si no lo hacías así no podías aspirar a nada. Me hice Físico porque fue la opción más cercana a lo que deseaba entre las pocas cosas que tenía como opción escoger. Usar un uniforme de milicia un domingo al mes para aparentar que me preparaba para defender a la patria. Tener que ir movilizado a cortar caña cuando a alguien se le ocurría decir que el plan de producción de azúcar estaba atrasado. Tener que comer picadillo de soya (más soya que carne) cuando al comandante se le ocurrió decir que la soya era la proteína ideal para la alimentación de un pueblo. Aplaudir lo inaplaudible mientras decías “Socialismo o muerte” o “Patria o Muerte, venceremos”. Haber lanzado huevos en un acto de repudio en la casa de un vecino. Por imposición tenía que decir lo que el sistema quería que dijeras, pensar como ellos querían que pensaras y actuar de la mejor manera para que ellos se creyeran que habían logrado su objetivo de haber creado un robot al Castro`s way of Think.

3. Lo que por imposición no hice: No estudiar actuación, ni canto, ni pintura ni nada que tuviera que ver con las artes porque decía mi padre que todos los artistas eran gay. No expresar en la calle, en el trabajo, en la escuela nuestros propios pensamientos, si estos eran ajenos a los principios comunistas. No comer camarones, ni carne de res ni tener dólares porque el hacerlo era ilegal (Esto debe entenderse por los que no nacieron en Cuba que en mi país, lo que no era ilegal estaba prohibido). No ser ingeniero textil e irme a estudiar a Checoslovaquia, porque tuve que dar el paso al frente e incorpórame a un destacamento de maestros porque sino dejaba de ser “joven comunista”. No estudiar ingeniería termo-energética como segunda carrera porque había una ley que no dejaba tener dos títulos universitarios.

4. Lo que hice y de lo cual estoy totalmente arrepentido: Haber sido un títere del sistema socialista y haberme dejado engañar miserablemente cuando me decían que el capitalismo era el opio de los pueblos y que el socialismo era lo mejor, lo más justo y el sistema ideal. Haber participado en los actos de repudio cuando los sucesos de la embajada de Perú en 1980. Haber renunciado al amor por mucho tiempo después de un fracaso. Haberme separado de mis hijas cuando más necesitaban. Haber permitido que mi madre influenciara en mis relaciones personales y de parejas.

5. Lo que no hice y de lo cual estoy totalmente arrepentido: No haberme salido de Cuba antes de cuando lo hice porque estaba ciego. No haberle mentado la madre a un jefe que tuve cuando me ofendió al comentarle que la guerra de Angola sería un fracaso histórico para el gobierno de Cuba. No haberle dicho más a mi padre cuanto lo adoraba y lo que representaba para mí. No estar con mi padre el día que se lanzó de un quinto de piso.

6. Lo que hice y disfruté al hacerlo: El salir a jugar al barrio, tocar una puerta y correr a escondernos. El hacerle travesuras a mi abuelo escondiéndole los cigarros para que no fumara. El sacarle el aire a las llantas del auto del presidente del comité y ver como se encabronaba. El jugar trompo y canicas. El ir con mi padre a ver un partido de beisbol y verlo radiante que estaba porque en el fondo aspiraba que yo fuera un pelotero famoso. Cuando besé por primera vez a una mujer en primero de secundaria. Los momentos que viví como estudiante universitario. Las noches de parrandas, las aventuras, los desmadres que armábamos los fines de semana en la escuela cuando la gran mayoría se iba de visita a sus casas. Esa época en la que uno se cree adulto, responsable y sabio, pero que hace las cosas sin pensar en complicaciones, en obligaciones, en consecuencias. Las fiestas de quince años en la que siempre ponían durante el baile de salón aquel sonado álbum de Paul Anka. El día que cobré mi primer salario y le compré un refrigerador a mi madre. La primera vez que me casé cuando tenía apenas 22 años. Cuando dormía a Eileen y le cantaba canciones del “Génesis de Virulo” simulando que fueran canciones infantiles. El cambiar pañales orinados. Cuando nacieron Elisabeth y Claudia. El impartir una conferencia de electromagnetismo con más de ciento veinte estudiantes y quedarme asombrado que solo se escuchaba mi voz. El pasar horas estudiando. El resolver un problema de Física. El día que realicé y aprobé el examen para optar por una beca y salir a México a estudiar en la UNAM. El día que salí de Cuba y me subí por primera vez a un avión. Tenía 35 años, pero parecía un niño. El día que nació Carlos Jr. Cuando hice mi primera empresa y cuando formé la que tengo actualmente. Cuando firmé la escritura de mi casa. Cuando redescubrí que podía enamorarme de nuevo y por supuesto cuando me uní a Mon, la mujer con la que actualmente comparto mi vida.

Y así transcurre nuestra vida. Llena de momentos, llena de cosas lindas, de cosas menos lindas y de cosas feas. Hoy somos eso que forma la unión de todos esos momentos. Hoy actuamos mejor o peor. Hoy nos quedan también esos momentos de los que no queremos ni hablar y mucho menos de acordarnos, la cuestión está en dejarlas en un lugar que no nos afecten y saber tomar de cada error lo positivo para crecer. Realmente es muy difícil desnudarse ante un espejo que día con día nos dice la verdad.


24.11.09

Un profundo sueño

I

Melesio Bracamonte enternecido en llanto sujetaba el cuerpo ya inerte de Carlota. Mujer que había dedicado su vida al mejor prostíbulo de la ciudad y había vendido sus encantos a la totalidad de los hombres de la alta sociedad. No hubo secretos que Carlota no conociera de cada uno de ellos. El que eyaculaba antes de tiempo. Al que no se le paraba porque empezaba con miedo a hacer el ridículo ante tal talla de mujer. Al que no calzaba una buena talla de condón. El que la usaba como confesora para hacer catarsis sobre lo mala que era su esposa en el arte del sexo y terminaba contando todos los problemas que tenía con su pareja. Y alguno que otro que le narraba sus hazañas Donjuanescas.

Entre ellos estaba Melesio. Un hombre entrado ya en los cuarenta, casado y con una familia que perteneció a la realeza política de la cuidad. Ex alcalde, dueño de más de 5 grandes empresas y eterno jugador que lucraba con el dinero que robó durante todo su mandato. Pero el dinero no niega a nadie el sentir amor, a pesar de que muchos con poder juegan a dominar, controlar y comprar al más caro precio sus morbosos caprichos.

Esa noche, una cualquiera de aquel otoño friolento, Melesio había decidido dejar su orgullo y sus mañas, y entregarse ―esta vez sin dinero― al amor de Carlota. Ella había decidido dejar su prostíbulo y entregarse ― esta vez por amor ― a vivir el resto de sus días con el único hombre que había amado en su vida. Era ya media noche y al salir de la enorme casona del pecado una bala atravesó su abdomen, haciendo que Carlota se desangrara hasta quedar inerte en los brazos de Melesio.

Nadie supo quien lanzó el mortífero disparo. Nadie pudo explicar por qué Carlota esa noche pretendía abandonar lo que había sido su hogar por muchos años y mucho menos por qué aquel enigmático personaje la sostenía en sus brazos viendo como se le agotaba la vida. Nadie supo que fue de la vida de Melesio, quien con su amante en los brazos salió caminando hasta la casa del doctor Evaristo. El más pobretón de todos los médicos del pueblo.

II

― Abuela, hoy revisando en la biblioteca de la universidad unos periódicos de hace casi treinta años encontré esta historia ― dijo Alberto extendiendo su mano y mostrando a la anciana el diario ya amarillo por el largo añejamiento acumulado.

La anciana acercó lo más que pudo el periódico a sus ojos y después de leer el titular de la noticia, lo devolvió rápidamente a su nieto.

― Fue una historia muy triste hijo. ― dijo mientras sus manos temblorosas buscaban aferrarse a los brazos del sillón. ― Fue lo más sonado que hubo en la país, pero por mucho. Imagínate que un ex alcalde pretendía dejarlo todo, su casa, su hijo, sus negocios, por la más famosa prostituta que hubo en esa ciudad la cual decían las malas lenguas que se había acostado con todos los hombres que podían llegarle a su precio. Era una hermosa mujer. Sin temor a equivocarme puedo afirmarte que no había una más bella que ella, sumando a esto, todos los atributos de qué disponía en el arte del sexo. Cuentan que era ese tipo de mujer que cualquier hombre desearía tener como esposa, pero ya sabes hijo, el machismo es más viejo que matusalén y para que un hombre decida casarse con una mujer de la vida, está muy difícil. ¡Pobre Carlota! Así le llamaban aunque se cuenta que no era su verdadero nombre.

― Pero,.. ¿Quién la mató?

― Pues nadie dijo nada, porque para todas las mujeres fue un alivio que Carlota pasara a mejor vida. Todas sufrimos el miedo que nuestros maridos un día contrajeran una enfermedad venérea al lado de esa libertina.

― Pero abuela, aquí se cuenta que el señor que la sostiene en sus brazos se llamaba Melesio… ¿no tiene nada que ver con mi abuelo? Mi abuelo fue un político muy sonado en aquellos tiempos. Mi abuelo, unos días antes de morir me dijo «hijo, nunca hables mal de una prostituta. También tienen corazón. También pueden amar. También pueden rectificar su vida. Recuerda que son personas como tú y como yo que un día tiraron su brújula al carajo y decidieron vivir al libre albedrio. Nunca lo hagas, porque estarías deshonrando a la… » y ahí se desmayó y cayó en coma hasta su último aliento. ¿No tendrías tú algo que ver con la muerte de esa prostituta?

La anciana mostró una ligera sonrisa y pidiéndole ayuda a su nieto se puso de pie y caminó lentamente hasta la enorme ventana que dejaba ver el mar a unos escasos cien metros. Luego recostándose al borde del muro se volteó hacia su nieto y empezó a hablar lentamente.

― Era muy evidente que todos pensaran que la mujer de Melesio había descargado su ira contra Carlota. Pero no fue así. Carlota y Melesio lo planearon todo. Fingieron un disparo con balas de esas que no matan y una bolsa de sangre de venado que fue reventada por la propia Carlota en su barriga. Fue un plan perfecto. Nadie se acercó a ellos. Todos observaban desde la distancia. Después que ella fingió desvanecerse quedando inerte y con los ojos bien abiertos mirando hacia ningún lugar, él la cargó en sus brazos y fue a casa del doctor Evaristo al que ya había pagado una fuerte suma de dinero para que hiciera el certificado de defunción y fingiera un entierro sin muerto. Cuentan que un mes después el más pobre de los doctores de la ciudad ponía una clinica con todo lujo y equipamiento y llegó a convertirse en el más famoso galeno de aquellos tiempos. Nadie supo nunca de Mercedes, verdadero nombre de Carlota, ni de su amado Melesio, que dicho sea de paso, nada tiene que ver con tu abuelo.

― ¿Y qué fue de la esposa de este Melesio del periódico?

― ¡Uy hijo! al cabo de los años se volvió a casar, nada más y nada menos que con Evaristo.

― ¿Y qué fue del hijo de este Melesio?

La anciana contrajo el entrecejo y empezó a toser de una manera muy agitada. Su rostro se contrajo y cayó desvanecida justo en el momento que su nieto llegaba a sujetarla.

Una hora después, recuperada y reposando en su cama, miró fijamente a los ojos del padre de Alberto al tiempo que casi en sollozos le suplicaba.

― Nunca le digas a mi nieto la verdad… ― Y cerró los ojos entregándose a un profundo sueño del que nunca regresó.